domingo, 21 de octubre de 2012

CUCURBITEANDO

La calabaza o cucurbita; una puerta al más allá...
La noción  de muerte parece poco relacionada con el mundo gastronómico, sin embargo en pocos lugares se da una ligazón tan intensa entre estas dos dimensiones como en México y la mejor excusa es el Día de Muertos, para nosotros Fiesta de Todos los Santos. En los altares que las familias componen en sus casas encontramos cantidad de viandas relacionadas con el difunto en cuestión; los allegados mantienen la esperanza de que el espectro posea el mismo  paladar que el fulano de carne y hueso y esperan durante la noche la llegada del invitado de ultratumba.
La familiaridad mexicana entre la muerte y la vida se hace patente con la infinidad de  motes que posee allí La de la Guadaña; la llaman al  más puro estilo mexicano como  Chingada., Cargona o Pelleja,  en un sentido cómico CabezonaPatas de Catre y hasta La Flaca. Pero La Democrática, en la órbita de los poemas provenzales del medioevo, es la denominación que me parece más hilarante y genuina . Todos estos nombres sirven como remedios que rebajan la angustia y enlazan las dos dimensiones,  costumbrismo y muerte,  en un contexto cotidiano donde los platillos son imprescindibles.
 
Altar del Día de Muertos; viandas, platillos y tamales para el difunto...
  Volviendo a los altares, en ellos podemos encontrar  bastantes elementos gastronómicos que podrían ocupar una entrada en este blog (y probablemente lo hagan); el pan de muerto, mole, calaveras de azúcar o dulces de calabaza. Todos ellos tienen una importante densidad simbólica y espiritual de manera que sirven de puente entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
 El triunfo de la muerte, por Brueghel "el viejo" (detalle).
En nuestra cultura somos mas sobrios con estas cosas, no obstante cocinamos algunos alimentos que relacionamos con esta festividad que, por salud mental, solo dura uno o dos días al año. Dejando aparte la utilidad ornamental anglosajona harto conocida por todos, la calabaza (Cucurbita pepo L.) es un fruto de otoño que nos puede deparar no pocas sorpresas en la cocina. Su origen se sitúa precisamente en el México prehispano. Hoy  es un producto humilde y bastante denostado, un fruto considerado de segunda categoría  (a 0'99 euros/quilo la he visto en el mercado). No obstante sus posibilidades gastronómicas no son pocas, ahí van algunas:
  •  La crema de calabaza tiene un gran poder nutricional, un sabor ligeramente dulce y un color interesante. Con  cocer, salar y triturar es suficiente.
  • Por otro lado  la calabaza cocida en dados grandes con un toque de  plancha es un excelente acompañamiento para platos de carne y sustituye a la perfección a la zanahoria en purés de verdura o similares.
  • Las calabazas verdosas puestas a fuego lento al 50% de azúcar se convierten en un cabello de ángel estupendo.

Aunque en Europa no solemos llegar a la excentricidad mexicana nuestros alimentos de otoño con frecuencia tienen reminiscencias transcendentes que nos abren la puerta del misterio; huesos de santo, panellets y, aunque solo sea para  hacerles unos ojos y boca fantasmagóricos, las entrañables calabazas. Y para quien no le gusten las cucurbitas queda la inabarcable y ecléctica cocina de Halloween...


Fuentes consultadas:



martes, 9 de octubre de 2012

ARROZ CON CONEJO

El antes...
Preparo  una sesión gastronómica dominical. Me planteo una receta nevera-fogón o de retales, para entendernos miro a ver qué hay para decidir qué cocinar. Con frecuencia  las recetas inversas, las fogón-nevera acaban en frustración porque nos faltan ingredientes y da un perezón bajar al súper...  A ver, a ver...  en la nevera conejo, en la despensa arroz bomba, laurel... Va tomando forma. Voy a probar con  un super arroz con conejo para el que emplearé como principal ingrediente muuucho tiempo. Antes compruebo que el diámetro de la paella (paellera sería la señora que cocina paellas) coincide con el del fogón, este verano tuve alguna experiencia desagradable con este tipo de detalles. Coincide.
Es una receta fácil, casi para tróspidos, para la que he encontrado los siguientes ingredientes:
- 1/2 conejo troceado sin cabeza ni guarredidas de esas... de buena calidad. En el caso de que el conejo sea de cuneta sobra decir a qué sabrá el arroz.
... y el después.
- Un vaso de arroz bomba (250g)
- Una hoja de laurel
- Una cucharada de hierbas provenzales
-  Una cucharada de tomillo
- Una pizca de romero seco
- 2 ajos
- 1 cebolla pequeña
- 1 zanahoria mediana
-1 tomate maduro pelado y rallado
- Unas hebras de azafrán previamente tostado en el micro
- Vino rancio
- Sal y aceite de oliva (he usado uno de Jaén sin filtrar)

Para preparar este arroz de montaña he seguido los siguientes pasos (hay tantas maneras de hacer el arroz como arroceros):
a)  Maceramos a temperatura ambiente el conejo troceado 2h antes de cocinarlo con  sal,  hierbas provenzales, tomillo y  romero.
b) Disponemos el aceite en la paella hasta que cubra toda la base. Sofreímos hasta dorar el conejo y reservamos. No importa que queden residuos de las hierbas en el aceite, aportan sabor.
c) Con el mismo aceite  hacemos el sofrito: primero lo más duro y a fuego lento; cebolla, ajo  y zanahoria muy picadas. Cuando la cebolla esté caramelizada o incluso algo quemadita se añade el tomate rallado. Salamos, añadimos el laurel y a fuego lento. Si se seca un poco le añadimos vino rancio , tinto o vermouth.
d) Añadimos el conejo que teníamos reservado y el arroz bomba del Delta del Ebro y removemos para que se impregne bien del sofrito.

 ¿Cuánta agua  para el arroz? es ese tipo de preguntas del estilo  ¿quién mató a Kennedy? o ¿a qué huelen las nubes? Mi humilde opinión es que depende, depende del arroz que usemos y de cómo progrese el cocinado; lo mejor es estar pendiente de la cocción, mirar a nuestro plato, hablar con él y , cómo no, catarlo.

e) En este caso he añadido 4 partes de agua por 1 de arroz teniendo en cuenta el gran poder de absorción de este tipo de arroz. NO tapo la paella y añado el azafrán. Remover ligeramente y dejar a fuego lento hasta que casi se consuma el agua, entonces apagamos y dejamos reposar unos minutos.

Resultado; un excelente arroz con conejo dominguero que sabe intenso, como a campo, con los granos sueltos y tiernos ligeramente tintados.

Un guiño a mi anterior entrada: un inglés seguramente encontrará atroz y bárbara esta receta teniendo en cuenta que  en Inglaterra los conejos suelen ser mascotas. Así pues advierto  que esta  es una receta que puede resultar no british  friendly.

Fuente de la foto:
http://compendioilair.blogspot.com.es/2011/02/alabad-al-conejo-impuros.html